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Cinco cosas para sacar YA de tu placard

Cinco cosas para sacar YA de tu placard

Muchas veces me dicen que no saben por dónde empezar, así que hice un brevísimo listado de cosas que podés eliminar para que veas que es fácil empezar a ordenar un espacio.
Una vez que tenés un plan específico, podés enfocarte mejor y se hace menos pesado avanzar.

Puse solamente cinco ítems, pero podés agregar los que quieras, los que te animes y los que hagan de tu placard o vestidor un espacio mucho más organizado.

Ropa interior
Empezar por acá es sencillo porque siempre se puede filtrar. Esto te va a dar el impulso necesario para seguir con el resto.Chequeá elásticos, telas, ganchitos, aros de los corpiños y todo lo que te ayude a determinar si vale la pena conservarlo o no.

Ropa de entre casa
Muchas de las cosas que no querés eliminar del placard “porque te da cosa” terminan formando parte de esta categoría, inclusive si están en un estado dudoso.

En general usamos siempre las mismas tres o cuatro cosas, así que te recomiendo identificar cuáles son y deshacerte del resto. Mirá con honestidad cada una y conservá solo lo que está en buen estado. ¡Es momento de estar más livianos!

Ropa dañada
Sacala y clasificá según lo que se pueda arreglar y lo que ya no tiene solución. De esta manera vas a poder determinar si algo vuelve al placard (pero en buen estado y listo para usar) o si solamente estaba ahí ocupando lugar y entorpeciendo el día a día.

Esto incluye: manchas, cierres rotos, botones descosidos, etc. 
Eso sí: no te dejes estar. Si se puede solucionar, hacelo. 

Prendas que ya no te quedan bien
Acá se incluyen todas: las que te quedan chicas, grandes o con las que simplemente no te sentís cómodo.

Sé que es difícil dejarlas ir pero seguramente están ahí desde hace mucho tiempo, ocupando lugar que podés dejarle a prendas que sí te gusten y te queden perfectas. Una vez que empezás vas a ver lo bien que se siente y vas a tener la sensación de haber renovado un poco el placard.

Remeras
Es la prenda que generalmente acumulamos más. Seamos realistas: ¿cuántas básicas necesitás? ¿Te gustan todas o ya te acostumbraste a verlas? Quedate con esas que realmente te gusta vestir, aunque no sean muchas como te imaginás. Es mejor tener pocas pero que te sumen, que te hagan sentir bien cuando las usás.
 


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